21/8/26
Los puentes: cacao y Yoga Nidra
En los años que camino he aprendido a ver por detrás, por dentro. Y llega ese día donde ya no lees nombres ni ideas y percibes la calidad de la energía. Como el cacao y el yoga nidra, que se parecen en algo que no es evidente a primeras.
Ambas energías tienen que ver con el tránsito, con el paso de un estado a otro, con ese lugar intermedio donde no somos del todo lo que éramos pero todavía no somos otra cosa. Ahí es donde empiezan a tocarse.
Desde lo que he podido estudiar, percibir en mí y también desde lo que sigo aprendiendo con mis Nanas de tradición Kaqchikel, el cacao no aparece tanto como ese símbolo romantizado de corazón abierto, sino más bien como una energía de cambio que expande y contrae como el propio latido, de rito de paso profundamente vinculado a lo femenino y al agua.
En algunos vasos antiguos donde se ha encontrado escrito el símbolo maya para cacao (KAKAW) y ADN de Theobroma cacao, se habla de la receta de esa bebida y para qué ritual se podía usar, y la muerte es el denominador común. Con el mismo sentido aparecen en sarcófagos y tumbas distintas ofrendas, entre ellas semillas de cacao, como pago a la muerte para ese tránsito.
Ahí es donde, para mí, se encuentra con el yoga nidra.
Porque el yoga nidra ocurre en Shavasana, la postura del cadáver. Y no es casualidad que muchas prácticas de yoga, especialmente en tradiciones tibetanas, estén planteadas como preparación para la muerte. No solo como metáfora, que también, sino como un entrenamiento verdadero para cuando venga la muerte a buscarnos.
Yoga Nidra nos va llevando hacia un lugar donde la pregunta deja de tener sentido y por tanto tampoco hace falta una respuesta. Deshaciéndonos de la forma, de la identidad, de las historias que sostenemos sobre quiénes somos. Donde no hay nada que resolver, sino algo a lo que rendirse, y lo que llamamos «yo» pierde consistencia.
Cuando practicamos yoga nidra estamos entrando en ese mismo tipo de tránsito, en ese espacio donde la conciencia cambia de estado, igual que cuando nos dormimos. Porque dormirse también es una práctica, aunque no lo veamos así. Hay fases y cambios en las ondas cerebrales, un soltar progresivo del control y de la identificación con el cuerpo y con la mente. Y justo de la misma manera, tanto en lo que se ha investigado sobre la mente y la muerte como en lo que se ha transmitido de forma oral en distintas culturas, antes de morir también atravesamos fases. La forma en la que percibimos cambia; incluso cuando el cuerpo deja de moverse, cuando el corazón se detiene, la actividad cerebral navega entre ondas habiendo un tránsito.
Entonces, para mí, tanto el cacao como el yoga nidra no tienen tanto que ver con relajarse o con sentirse bien, sino con aprender a estar en ese espacio intermedio, con no resistirse a los ciclos y con acercarse a la muerte en todas sus expresiones. Porque en el fondo, hablar de muerte también es hablar de vida.
Con amor,
Laura