21/8/26
¿Espiritualidad o no espiritualidad?
Me alejé de la «espiritualidad» de cacao para poder acercarme a la espiritualidad de cacao.
Porque durante mucho tiempo repetí lo mismo que escuchamos todas: el cacao abre el corazón, el cacao es para celebrar, el cacao te baja a tierra… Y aunque hay partes que no van desencaminadas, cobran más sentido cuando ahondamos y preguntamos a sus pueblos, a su cultura.
Allí entendemos que celebrar no es euforia, sino un rito de paso de un estado a otro, como un funeral mismo. Abrir el corazón no es expandirse sin más: es también retraerse, sostener; todo convive al mismo tiempo. El cacao como parte de muchas más ofrendas para ceremonias a la Tierra, no para el uso de nuestros problemas individuales. La forma en la que hoy lo vemos en la mayoría de espacios se queda en la superficie.
Entonces, cuando empecé a estudiar sobre la arqueología y epigrafía maya, a seguir aprendiendo con mis Nanas de tradición Kaqchikel, y a escuchar a abuelos como Efrén (linaje de la onceava generación de resguardadores del cacao) desde los campos de Tabasco, entendí que lo que hoy llamamos espiritualidad del cacao está muy lejos de lo que ha sido y de lo que sigue siendo, y eso me hizo salir de esos espacios.
Nos suele pasar, en lugares de abandono espiritual, que ansiamos una madre y un padre al que regresar, y cuando encontramos en otros linajes y territorios un solo concepto que nos interesa y nos hace bien, lo tomamos como si eso fuera un GRAN TODO, y ni siquiera alcanza a ser un 0,5 % de una cosmovisión. Con el yoga nos adueñamos y modificamos el ejercicio y nos olvidamos de más del 99 % de su contexto; con el tantra, el «sexo consciente»; con el kirtan cogimos cuatro instrumentos y, si sabes cantar y repetir mantras, ya tienes un concierto, obviando así el arduo y devocional trabajo de un kirtaniya, la persona que estudia toda su vida para aprender, entender y encarnar dichos textos y mantras. Ya ni hablar de plantas medicina…
El cacao no aparece aislado en su uso original, de igual manera que en su ecosistema convive con otros árboles, animales, hongos, insectos, arbustos… Incluso, si sigues aprendiendo, descubres que no hay una sola bebida de cacao en las ofrendas, sino 13. De nuevo cacao conviviendo con maíz, miel, chile, vainilla, agua… y en su rezo el tabaco, el pataxte, el copal, el arroz, los dulces, azúcares de colores, flores, más maíz…
Ahora que voy escribiendo me aparece una similitud a gran escala: ¿será que las sociedades abandonadas espiritualmente y alejadas de la naturaleza en lo cotidiano somos incapaces de ver más allá, y de igual manera que aislamos el cacao, nos aislamos y desconectamos de nuestras raíces y ecosistema?
¿Será que las sociedades que aún honran el concepto de familia y comunidad, que han protegido con su propia vida su espiritualidad y su cotidianidad unida al agradecimiento por lo que nos da la Tierra, no tienen necesidad de limitar ni extraer, sino de incluir?
Quizás nada es tan simple como parece, y todos vivimos en incoherencias muy humanas.
Dicho esto, os animo a seguir investigando para no caer en las modas temporales y planas.
Con amor,
Laura